¿Por qué tenemos resaca cuando ingerimos bebidas alcohólicas?

Cuando ingerimos alcohol, se esparce por el cuerpo a través del torrente sanguíneo resultando en un desorden total en el organismo. El resultado es dolor de cabeza, temblor, boca seca, vómito, molestia en el cuerpo, diarrea y tantos otros síntomas que pueden variar de persona a persona.

La diarrea ocurre porque cuando nuestras células del intestino delgado absorben el alcohol no permiten la absorción de agua. Las heces se diluyen, ya que el agua pasa directamente del intestino y generalmente causa deshidratación con la pérdida de líquido. La bebida también tiene el efecto diurético y da mucha ganas de hacer pis, lo que también contribuye a una deshidratación acentuada.

El cerebelo es la región del cerebro responsable de la coordinación motora, y el alcohol suele alcanzar en su totalidad esa región desregulando sus funciones. El resultado es la famosa tontera que también genera desequilibrio y mareo. La bebida también excita a nuestros neurotransmisores en el sistema límbico, dando sensación de placer. Pero al día siguiente, el cerebro siente falta del alcohol y acentúa reacciones emocionales y provoca ansiedad y depresión , el famoso “nunca más voy a beber en mi vida “.

Mientras estamos bebiendo, nuestros neurotransmisores que captan estímulos como luminosidad y sonidos son inhibidos por el alcohol. Pero cuando el efecto pasa, se sobrestima y cualquier ruidos o luz causan reacciones exageradas y las pupilas se dilatan y no regulan la entrada de luz, causando aquella mala sensación al ver cualquier rayito de luz. El estómago también es sobre estimulado debido a la producción exagerada de jugo gástrico que acaba irritando la pared del estómago y nos da vomito.

Con la deshidratación la sangre se vuelve más gruesa, y la presión aumenta para bombear la sangre. Las arterias doblan su tamaño de espesor y causan el famoso dolor de cabeza común de la resaca. Durante la borrachera el alcohol inhibe la producción de glutamina que es un estimulante natural y al día siguiente, el cuerpo produce mucha glutamina para compensar. Esto agita el cerebro e impide que el sueño sea profundo y reparador dando aquel cansancio indescriptible.

Aunque no es aconsejable beber con el estómago vacío, nada comprueba que “forrar” el estómago disminuye la absorción de alcohol o evita la resaca. También no sirve de nada provocar el vómito porque cuando el estómago está irritado el alcohol ya está circulando en nuestro torrente sanguíneo.

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